Todo tiene un límite

garras 1

garras 2

Mi buen amigo Mervyn es un gato realmente tranquilo. “Un tipo macanudo”, dicen de él nuestros humanos. Pero, claro, todo tiene un límite. En el caso de Mervyn, su límite son las polillas. En cuanto aparece una, ¡ja! La cosa se pone peluda. Hay que ver el espectáculo que es capaz de montar el felino más zen que haya conocido. Hay que ver cómo corre, refunfuña, repiquetea la cola, saca las garras… ¡Y qué garras! Hasta que, al fin, Mervyn las alcanza y puede cenar o almorzar o merendar polilla. Y entonces sí, vuelve la calma.

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2 comentarios on “Todo tiene un límite”

  1. ¡ Qué habilidoso !

    si algún día sabe lo que es un ratón, por las polillas ni se moverá…


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