Mervyn dice:

¡¡¡Feliz primavera!!!

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El inicio…

… de una gran amistad.

Una mañana, cuando no tenía ni cuarenta días de vida, me alejé de mis hermanos y me fui a caminar por el barrio. Me perdí, lógico, y terminé salvándome de milagro de terminar abajo de las ruedas de un auto mientras cruzaba la calle más transitada de nuestro antiguo barrio. Un comerciante me rescató de la calle, me metió en una caja y me presentó a mis humanos. A mí me gustaron, y más me gustó que en que la casa a la que me llevaron viviera un gran gato de nombre Mervyn, y decidí quedarme con ellos. Aunque en ese entonces, y al lado del gran Mervyn, yo parecía una patita de pollo,  por suerte decidió no comerme y nos volvimos inseparables.


Mala combinación

A veces pienso que mi buen amigo Mervyn un día de estos les va a hablar a nuestros humanos (¡en su idioma!). Es que él es demasiado impaciente y ellos son demasiado lentos.


El inquilino


Un guerrero

Dice mi buen amigo Mervyn que las puertas son un pésimo invento de los humanos. Él las odia, y les hace la guerra con una técnica impecable: si están cerradas, exigen que se abran, y si están abiertas  las cierra. Si la puerta está cerrada y él está adentro, se encarga de que lo dejen salir, y si está afuera, tortura a nuestros humanos con maullidos y golpes hasta que lo dejan entrar. Es mi héroe.


¡Amigo!

 

Acá está, se los presento: ¡mi buen amigo Mervyn! (También conocido como “el Merchu”, o “Mercinito”, o “Mercin”, o “Gordo”, o “el Puma”). Los humanos que tengo en casa son extraños: no sólo no les alcanza con habernos puesto unos nombres distintos a nuestros nombres felinos verdaderos, sino que además parece que no se deciden y todo el tiempo nos dicen cosas diferentes. Yo, por ejemplo, soy Titina, pero también me dicen “la Titi”, “Noni”, “Kiki”, “Robotiti”,  “la Chueca”, y alguna vez me dijeron “Pluma Floja”.

Igual, con Mervyn respondemos a todos estos nombres. Los humanos son fáciles de domesticar pero cada tanto hay que cederles algún capricho, para que no se frustren. Si sirve de algo: para mi amigo prefiero el nombre Mervyn, y para mí Titina, que es elegante como una campanita de cristal.